EL “PODER” DEL CRISTIANO

 

EL "PODER" DEL CRISTIANO

 

San Pablo nos explica en tres cartas que la Iglesia es el Cuerpo Místico de Cristo: Jesús es la cabeza y nosotros somos los miembros. (Romanos 12, 1 Cor. 12, Efesios 4 y 5).

En 1 Cor. 12:27 nos dice: Vosotros sois el cuerpo de Cristo, y cada uno de vosotros es parte de ese cuerpo.

Cuando alguien toca a un cristiano, está tocando a Cristo, lo mismo que cuando alguien toca mi mano me está tocando a mí, porque cada cristiano es un miembro del cuerpo de Cristo. ¿Te das cuenta de lo que esto significa? Todos los que tocaban siquiera la borla del vestido de Cristo se sanaban de sus enfermedades físicas. ¡Todos! Así nos lo dice la Biblia. (Marcos 6:56; Mateo 14:36). Si esto es verdad -¡y lo es!- cada persona que toca a un cristiano debe sanarse de su enfermedad física.

Este debe ser el poder de cada cristiano: Ser otro Cristo, ser un miembro del cuerpo de Cristo, con el mismo amor y poder de Cristo, lo mismo que tu mano o tu pie tienen todo tu amor y tu poder, porque son miembros de tu cuerpo.

Esto parece un cuento de hadas, o pareciera que te estoy tomando el pelo… Pero nada de eso. ¡Esto es sencillamente la pura verdad, lo que dice la Palabra de Dios! Ya no vivo yo, es Cristo quien vive en mí (Gálatas 2:20).

Me preguntarás por qué muchos cristianos y monjas y sacerdotes no tienen este "poder", que más bien parecen enclenques y debiluchos, con poder sólo para organizar bailes y bingos… pues a eso vamos, ten paciencia. Si tú eres cristiano, si perteneces a la única Iglesia de Cristo, tienes que tener el mismo "poder" de Cristo… ¡Y lo vas a tener, para gloria de Dios! Sigue leyendo con paciencia.

El mismo Cristo, en el centro del Sermón de la Última Cena, nos habla también de esto, comparando su Iglesia a un árbol: Yo soy el tronco y vosotros las ramas… sin mí no podéis hacer nada (Juan 15:1-6).

Si la rama no está unida al tronco, no puede nada, más bien se seca… pero en cada árbol el tronco no da los frutos, sino las ramas… las ramas son las que dan las hojas y los frutos… Así es que, porque Cristo lo quiso así, sin ti, Cristo no puede dar frutos, no puede nada…

¿No es esto maravilloso?

Jesús habla ahora a través de tus labios, y si Jesús no puede usar tus labios, no puede evangelizar a tu esposa, ni a tus hijos, ni a tus amistades… Jesús podía haber enviado ángeles a evangelizar, pero, porque quiso, a quien nos quiere usar es a ti y a mí, tus labios y los míos…

Jesús quiere dar de comer al hambriento usando tus manos… y si no las puede usar, ese hambriento se quedará sin comida.

Jesús quiere aliviar a los deprimidos y liberar a los cautivos de las drogas y del alcohol usando tu cuerpo… no sólo tu oración, sino tu cuerpo físico: Tus manos y tus pies. Tus manos son las manos de Cristo y tu corazón es el corazón de Jesús.

Jesús quiere usar su poder para sanar a los enfermos del cuerpo y de la mente y del corazón… pero sólo lo puede hacer usándote a ti y a mí, usando las ramas, los cristianos… Tú y yo somos ramas. ¡Qué honor y qué responsabilidad! Sin ti y sin mí, Jesús no puede dar frutos de sanación, ni de liberación, ni de amor… porque Jesús es el tronco, pero tú y yo somos las ramas…

¡Que maravilla, mi hermano! Cuando un cristiano habla, es Cristo el que habla, convirtiendo el agua en vino, y parando los vientos y las tempestades… Cuando un cristiano toca, es Jesús el que toca y sana a los ciegos, a los sordos, a los cancerosos, a los paralíticos…

Cuando un cristiano actúa… ¡hasta los muertos tienen que resucitar!… porque es Cristo quien actúa.

Después de todo esto me dirás que debe haber pocos cristianos en el mundo… porque los que tú conoces no tienen "poder", son más bien débiles, flacuchos, como "cristianos dormidos".

San Pablo nos explica muy bien la razón de estos cristianos sin "poder": Por eso hay entre vosotros muchos flacos y débiles, y muchos dormidos (I Cor. 11:30).

Dinos el porqué, San Pablo. ¿Por qué hay tantos cristianos tan débiles? Y San Pablo lo contesta en el versículo anterior: Porque coméis y bebéis sin discernir el Cuerpo y la Sangre de Cristo (1Cor.12:29).

La razón de que hay cristianos sin el poder de Cristo, es que comemos su cuerpo en la Eucaristía "sin discernir".

Déjeme que le explique: Un día encontré a mi hijo de cuatro años recortando la cabeza de Lincoln en un billete de cinco dólares… No sabía lo que hacía, no discernía. Le hubiera cortado igual la cabeza a un billete de cien dólares, porque él no sabía, no discernía. Pues eso nos pasa a ti y a mí: No discernimos cuando recibimos la Eucaristía, nos sentiríamos más contentos ese domingo si alguien nos diera 1,000 dólares, o si nos anunciaran que nos había dado un buen trabajo, o si nos dieran un cheque por las deudas de la escuela o de la parroquia… No discernimos, mi hermano, y por eso es que somos flacos y débiles, y como dormidos… sin "poder", sin el poder de Jesús de sanar enfermos, de parar tempestades, de resucitar muertos.

La Eucaristía es el secreto del "poder" como nos dice Jesús mismo en su maravilloso sermón del Pan de Vida:

En verdad, en verdad os digo, que si no coméis la carne del Hijo del Hombre y no bebéis su sangre, no tendréis vida en vosotros… El que come mi carne y bebe mi sangre está en mí y yo en él (Juan 6:53-57). ¡Qué maravilla! Hace dos mil años había un hombre que se llamaba Jesús, que andaba y hablaba como hombre, pero que era Dios. Pues ahora está la Sagrada Hostia, que parece pan y sabe a pan… ¡pero es Dios! Antes se humilló haciéndose hombre en Belén, ahora se humilla mucho más por nuestro amor, ahora se hace sólo pan, para podernos alimentar, para llenarnos de su amor, de su humildad, de su poder…

Tres veces nos repite en ese sermón que Jesús es el Pan de Vida. Es el pan nuestro de cada día, que quiere dársenos hoy, cada día, no sólo cada domingo, y quiere que nosotros, al recibirlo, lo recibamos "discerniendo", valorando y apreciando de verdad lo que recibimos, que parece pan y vino, pero que es el mismo Jesús, es el mismo Dios… el secreto de nuestro poder y de nuestra paz y de nuestro amor.

Dios podría convertir a todos los africanos en un minuto, o mandar ángeles para que les predicasen. Pero esos africanos no se convertirán hasta que no vayan misioneros, ramas del Cuerpo de Cristo. Dios podría mandar la sanación y la paz y el amor a tu hogar, pero no lo hará si no cuenta contigo, sólo lo hará a través te ti. Tú y yo queremos darles a nuestros hijos lo mejor, pero a veces nos olvidamos que lo mejor es darles a Dios, enseñarles la verdad de Cristo y de la vida, ayudarles a que vayan a la gloria eterna del cielo y a que se llenen del amor, la paz y el poder de Jesús aquí en la tierra. Toda esta grandiosidad la quiere Jesús para tus hijos y los míos, y no lo conseguirá a través de ángeles, sino a través de ti y de mí que somos los embajadores de Cristo. (2 Cor. 5:20).

Yo le pido a Dios Padre, en nombre de Jesús, que le envíe a usted el Espíritu Santo, que lo santifique, que lo transforme, que le haga comprender y vivir la maravilla de la Eucaristía cada día, que cada día se vacíe un poco de usted mismo y se llene un poco más de Jesús, hasta que pueda gritar con San Pablo: Ya no vivo yo, es Cristo quien vive en mí, y que tenga usted el poder de Jesús, que se sanen del alma y del cuerpo las personas que lo toquen a usted, porque están tocando a Jesús.

Y sobre todo, que sea usted un embajador de Jesús en su hogar y en su trabajo, que su hogar se inunde de la gracia, la paz y el amor de Jesús, para gloria de Dios Padre, con el poder del Espíritu Santo… que así sea. Gloria al Señor. Amén.

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